Maruyo reúne imágenes que nacen de mi vínculo con el Lago de Maracaibo, el territorio donde crecí. A través de fotografías, collages y material de archivo, el proyecto explora la memoria del paisaje, la experiencia migrante y las emociones que emergen con la distancia.
El marullo —el movimiento y sonido constante de las olas— aparece aquí como una metáfora del recuerdo: imágenes que vuelven y se transforman con el tiempo.
Estas piezas reflexionan sobre la pérdida del territorio y sobre las huellas que deja la explotación petrolera en los cuerpos de agua y en la memoria de quienes crecimos junto a ellos.